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Superávit fiscal e inflación, paradoja argentina
La tesis que voy a intentar defender aquí es deliberadamente provocativa y sostiene que la Argentina no tiene inflación «a pesar» de tener superávit fiscal, sino que tiene superavit fiscal básicamente porque hay inflación.
La inflación es un recurso fiscal de los gobiernos que no se contabiliza formalmente del lado de los ingresos. Pero con inflación las cuentas públicas siempre cierran en cuanto a ecuación ingresos/egresos aunque la consecuencia del esquema sea un aumento general de los precios.
El superávit fiscal primario
que presenta la Argentina hoy se basa en 4 pilares, por el lado de los ingresos:
- retenciones a las exportaciones (principalmente de productos agropecuarios y
petróleo),
- impuesto al cheque,
- impuesto al valor agregado y ganancias
Por el lado del gasto la clave es el atraso de los sueldos del sector estatal con respecto a la evolución de los precios internos. Vamos a ver ahora cómo la inflación impacta a cada uno de estos rubros.
- La recaudación por retenciones esta directamente vinculada al valor nominal del dólar. El gobierno sabe esto perfectamente bien y esta es una de las razones (aunque no la única) por el cual no se permite al dólar fluctuar libremente. Si se permitiera al dólar buscar su valor natural es muy probable que su cotización siguiera el curso del real en Brasil y convergiera hacia valores de, digamos, 2.50 pesos.
Si esto fuera así, la recaudación por retenciones bajaría automáticamente un 18% solo por la diferencia en el valor del dólar. La politización del BCRA hace hoy imposible distinguir el motivo por el cual se compran dólares, si por motivos de "sintonía fina" de la política monetaria o si por motivos fiscales, como cuando se usaron reservas para pagarle al FMI. Aclaremos que los dólares que se compran por motivos fiscales son gasto público aunque no estén registrados como tales.
- En el caso del impuesto al cheque a medida que aumentan los precios, aumenta el volumen de nominal de negocios que hay que financiar y por esto sube la recaudación de este impuesto en forma proporcional a la inflación.
- Para el IVA vale la misma lógica que en el caso del impuesto anterior.
- Si analizamos el tributo
sobre Ganancias encontramos que el motivo de la mayor recaudación es el no
ajuste de los mínimos no imponibles, que convierte en
gravables ganancias que no son reales sino meramente nominales.
- Por ultimo y del lado de los gastos, en la medida que los salarios aumenten menos que la recaudación, esa diferencia contribuye directamente al superávit.
La conclusión es que si el gobierno decidiera frenar la emisión monetaria para sostener el dólar, toda la recaudación se resentiría automáticamente ya que los aumentos de impuestos pasarían a estar relacionados estrictamente con el incremento real de la actividad y no se beneficiarían adicionalmente con el aumento de precios.
Para empezar, la recaudación por las retenciones a la exportación bajarían considerablemente, aumentaría algo la recaudación por impuestos de importación (ya que el saldo de la balanza comercial tendería al equilibrio por mayores compras del exterior como fruto de un dólar mas bajo), quizás aumentaría la recaudación de IVA ya que habría una mejora del salario real y por ende mayor consumo, pero en el agregado la recaudación se resentiría considerablemente. O sea que el superávit fiscal se reduciría o probablemente desaparecería por completo en un contexto de genuina estabilidad monetaria (sin controles artificiales de precios).
Es por esto que no tiene sentido decir que este es un gobierno ortodoxo en materia fiscal aunque ahora suframos algo de inflación. Todo lo contrario, el gobierno puede mostrar superávit fiscal primario pura y exclusivamente porque hay inflación. Si el gobierno decidiera frenar la inflación en serio los pilares de la supuesta macro ortodoxa del gobierno se caerían a pedazos.
El mes de enero de 2006 fue una cabal prueba de esta lógica. La recaudación de ese mes con respecto a enero del 2005 fue un 25% superior en términos nominales. Si tenemos en cuenta que el PBI real aumentó en un año alrededor del 9% y que la inflación fue del 12.5% y que un 2 o 3% podría atribuirse a una mayor eficacia recaudadora llegamos a aproximadamente al 25% de aumento. Sin inflación la recaudación hubiera aumentado solo un 11 o 12%, lo que es proporcionalmente menor que la expansión del gasto (22% en el último año) y por ende el superávit fiscal se hubiera convertido en déficit.
La conclusión es que el superávit fiscal es sólo un espejismo contable, fruto de la inflación que el gobierno dice intentar combatir pero sin hacer nada en serio para terminar con ella.
FUENTE: Bautista Roca. Domingo, 5 de febrero de 2006 www.hispalibertas.com.ar








